Volvemos a España, y diremos que el puñado de grandes discos que nos dieron este año es colación que no cabe en nuestras manos. Espanto es, con todo y la altanería y aberración que profesan por las redes sociales y la promoción externa, un dueto interesante de modernillos que gustan de la excentricidad y que han ido picando piedra al hacer  sus discos autoeditados en CD-R y casi de mano en mano. Tras cada maqueta (apoyados por el extinto Birra y Perdiz) los adeptos se acumularon y se dejaron sorprender. Llega 2011 y el sello Austrohungaro (feudo del dueto maravilla Astrud) los rescata para incorporarlos a sus filas y editarles un plástico negro que recopila sus dos primeros materiales: Ísimos y Errísimos. Ahora, se vive una especie de boga por estos dos y su nuevo disco: Rock’n‘Roll.

A muchos ya empezaron a hartarles, (y por lo que me cuenta un amigo de allá, en general todos los rarillos de Austrohungaro no suelen ser tan bien recibidos) pero han empezado a escalar y a terminar apareciendo como referencia de los medios de allá al hacer recuento de la música en 2012. Y sí, por acá podrían pasar por hipsters entre tanto toque de “independencia” y velada sofisticación, sin embargo quién se moleste al descubrir que en Rock’n‘Roll no hay rock, habrá pinchado el anzuelo de Luis y Teresa, profesores de escuela por el día y  que luego se transforman en Espanto, recetando una dosis de desenfado desde el tema inicial, burlándose de los que en su tendencia se vuelven más papistas que el Papa “No soporto las bromas al respecto/ Te estoy viendo, no lo digas, no lo acepto/ Busca bien en tu interior. Tu también llevas puesto un traje de esqueleto./(…)Puede tener muchos nombres pero le pondremos rock’n roll”.

Y ahí no paran las burlas, si hasta hay paralelismos entre el desastre personal y la jerga de los sindicatos “Tu vida es una empresa a punto de cerrar / Y has despedido a más de la mitad”, en “Primero de Mayo”, que va más bien de la cosa efervescente de Hidrogenesse y los propios Astrud. El contraste sería “Amigo Rock’n Roll”, algo así como “Mi Amigo Bronco” pero en pleno funeral folk a la guitarra y a la chamarra de cuero. “Panteras” trae el rollo de los más recientes Magnetic Fields, dejando sintes por guitarras y salpicando con la cantidad de rock que pueda salir de alguien con una guitarra inflable comprada en Chapultepec.

“Son Esos Pájaros” y “Pelea En El Barrio” ponen sobre la mesa ese algo que emparenta por momentos al dueto con sus colegas de Le Mans o las muy antañas Vainica Doble (debe ser la voz lenta y abigarrada de Teresa, que por momentos recuerda a Jone Gabarain). Es como si, precisamente, Le Mans dejara el drama existencialista para pasarse al costumbrismo y al sordo malestar cultural, pero quedándose con el sarcasmo original.

“Jagger y Richards” demuestra que al final, Espanto sigue esa senda de españoles cosmopolitas, enterados de todo y mandando guiños culturales a diestra y siniestra (Bowie, Yoko, Dylan, Elvis). Es una baladita lenta y solo con guitarra eléctrica, que demuestra la simpatía de la que siempre ha gozado el dueto. “Hijos” es la justificación al título del disco y a cada una de las otras canciones del cd: ellos están parados en el ahora, lo anterior a ellos, lo que aprendieron en la escuela, con los amigos y yendo de juerga fue genial y lo asimilaron, pero ellos son solo espanto y traen el rock por dentro, mientras el piano es como Lou Reed haciendo las paces con Moe Tucker (“Somos como los heavys / Pero un poco más glam”). Si, ya no es rock’n‘roll, pero me sigue gustando harto.

Comenzamos este recuento haciendo una aclaración: a nosotros también nos parece una necedad querer encapsular todo lo sucedido en un año, como si tuviéramos suficiente autoridad para ello. Eso servía en la época en que no teníamos acceso a la música de diferentes maneras y la prensa impresa solo hacía listas para acabar de engordar las arcas de las disqueras. Hoy es inútil pero lo hacemos porque observamos algo muy curioso: muchas listas están plagadas de lo mismo, cosa que no suena lógico considerando la enorme oferta existente (y de calidad, porque sí la hay). Acá no estamos exentos de colocar algunos de los nombres más sonados en este año, pero admitimos no ser prensa especializada en música, simplemente quién esto escribe escucha demasiados discos, y esperamos que eso sirva de algo para el lector, quién a estas alturas debería ser quién suba su propia lista de discos a todos los blogs de musica (dejen la suya en los comentarios, sería genial). Por último, quienes estén interesados en escuchar música sabrán que es momento de defender la amplitud de criterio: comentar, compartir discos, escuchar con los amigos, asistir a conciertos desprejuiciadamente, entender que no todo sucede solamente en la escena anglosajona.Ya están grandes como para que un locutor de Ibero les diga que escuchar.

Ghostigital - Division of Culture and Tourism

Quien se acerque a Ghostigital buscando un pedazo de cualquier cosa cercana a Björk quedará decepcionado. Aquello de etéreo que puedan tener los islandeses adquiere otra cara en el sonido de estos dos: Einar Örn (ex-Sugarcubes) y Birgir Örn Thoroddsen. Ahí hay electrónica leftfield y delirio hip-hop experimental; rabia, furia y absurdo con la ayuda de algunos iconoclastas (David Byrne, Alan Vega, Dälek…). Nos visitaron hace poco y fue gratis, qué mejor.

Cómo Vivir En El Campo - CVEEC

Una sorpresa española, gratuita, y que muestra la fuerza que puede alcanzar una producción independiente cuando se focaliza en lo que verdaderamente importa: la música. Retomando ciertas bases del indie rock americano de viejo cuño, pero con talento, humor, y una belleza. Póngalo por las mañanas y acompáñelo con cereales.

Andrew Bird - Break It Yourself / Hands of Glory

El hombre orquesta ataca por partida doble este año: Break it Yourself  continúa su línea de trabajo más habitual como un existencialista del folk, pero esta vez con letras más incisivas y certeras. Hands of Glory lo encuentra recetando folk de filigrana, con trigo entre los dientes y baile en el granero. Una dupla perfecta, que demuestra las raíces, pero también hacía donde se dirigen las ramificaciones.

Bloc Party -Four

Me parece un poco deleznable que no se reconozca a este cuarteto y la labor que han emprendido para renacer después de aquella escena que en su momento los encumbrara, y ahora los ha dejado caer; cuando, por cierto, ellos han sido más arriesgados y constantes que sus contemporáneos. Hoy sus guitarras ya no parecen encajar para los gustosos de un rock que sólo es en apariencia experimental y que abunda en las grandes listas de este 2012, pero me arriesgo a decir que este disco es incluso mejor que su primera producción.

Chain and The Gang - In Cool Blood

El rock puede seguir siendo incómodo mientras alguien siga diciendo cosas incómodas. Y Chain and The Gang estarán ahí para poner letras con referencias políticas, culturales y bromas pesadas, que sin llevar nombre ni apellido, dan justo en el clavo. No se necesita gel ni estoperoles para ser punk, sólo subirle a los huevos y bajarle a la sobreproducción.

Bobby Womack - The Bravest Man In The Universe

Por supuesto que disfruté el disco de Frank Ocean, que es un buen equilibrio entre ambición, lírica y aptitudes musicales, pero el verdadero mérito de este año en el soul proviene de este viejo hombre que fue “rescatado” por Damon Albarn, quien coescribe y produce este álbum. Su talento permanece intacto. Los temas son los de siempre: el amor, la soledad, la depravación social, pero con una fibra intensa que toca cualquier cavidad donde sea que se encuentra el alma.

David Byrne & St. Vincent - Love This Giant

Todos los hipsters del mundo quisieran ser David Byrne o Annie Clark. Ambos inquietos y sofisticados artistas que siempre darán algo de qué hablar. Hay en esta dupla algo de versatilidad y un ánimo colaborativo llevado de manera natural, mismo que da por resultado un disco “democrático”: ninguno de los dos sobresale por encima del otro. Cada uno es reconocible en su aportación a este gran disco que no tiene desperdicio alguno.

Kid606 -Lost in The Game

Outsider por autonomasia de la electrónica,Miguel de Pedro deja descansar el ruido y la burla para regresar a su obsesión por el ambient pero de manera más severa y oscura: largos pasajes nubosos creados a partir del pathos del hip-hop, y una producción sobria solamente en apariencia. Genios, geniecillos malévolos como este siempre harán falta.

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El rock como lenguaje de la música popular del siglo XX se instaló en todo el globo adaptándose de maneras distintas e inciertas. Por ejemplo, en Brasil no fue bien recibido por las juventudes de filiaciones izquierdistas (claro, hasta la llegada de la tropicalia). En México comenzó sólo con traducciones de canciones en inglés para luego crecer hasta Avándaro, que luego se rompería en los cachitos que todos devoran en El Chopo. La lista sigue: Argentina y su blues, Inglaterra y el mersey beat. ¿En Asia qué sucedió? Lo que sucedió con muchos otros productos culturales de occidente llevados a Japón después de la Segunda Guerra Mundial: lo consumieron a raudales. Entusiasmados, los japoneses comenzaron con su group sounds (que era el término que se usaba en lugar de rock para denominar a las bandas influenciadas por The Beatles y The Rolling Stones), que después caería en una ola de cantautores influenciados por Bob Dylan, Nick Drake o DonovanTomobe Masato o Wataru Takada fueron prominentes en este estilo, pero la era del flower power japonés se inauguró con Happy End, comandados por Haruomi Hosono y desde ese momento inició un linaje de rock, psicodelia y folk que llega hasta Yura Yura Teikoku (algo así como “el imperio del vaivén”), banda liderada por el excéntrico Shintaro Sakamoto.

Yura Yura Teikoku fue un fenómeno del underground que obtuvo una fama inmensa en su país a pesar de practicar un estilo ácido y quizá poco comercializable. ¿Por qué funciona allá y no acá? Quizá porque desde un principio el rock desarrolló un público ecléctico entre los nipones, que pueden entregarse con menos reservas a diversas propuestas estéticas, de otra forma no se explicarían 21 años de este proyecto (1989-2010), incendiario y lisérgico, que es parte del soundtrack urbano de Tokyo, y que dejó algunas muecas de desaprobación cuando decidieron cerrar su ciclo.

Pero vendrían nuevas aventuras para Sakamoto (quién por cierto no tiene parentezco con su paisano Ryuichi Sakamoto). Una vez terminada la trayectoria de su banda, Shintaro decidió abrir nuevos paradigmas, que han comenzado bastante bien con la fundación de su propio sello Zelone Records, y con el lanzamiento en 2011 de su primer disco solista 幻とのつきあい方 [Maboroshi to no tsukiai kata], conocido en inglés como How to Live with a Phantom y con un par de releases también interesantes: un split de Shintaro con James McNew de Yo La Tengo y un LP de los extraños MAMA GUITAR.

How to Live with a Phantom no es un rompimiento excesivo con lo anteriormente hecho en Yura Yura Teikoku pero estamos en ese clásico momento en que el frontman toma todo el control creativo. Se escucha plenamente el pasado en cada riff de guitarra, donde esos fantasmas verdes con los que dice vivir Shintaro parecen ser exhalaciones de humo provenientes de un cigarro extraño. Se dan cita metales cuasi jazzeros, percusiones tropicales, órganos pop. Podría ser un viaje vintage pero no sólo se trata de un cuadro viejo, sino de círculos concéntricos a partir de la evidente obsesión por los 70s como estética y por una cadena que parece recorrer varios lugares de dicha época, como el elegante pop de Francia, la (entonces) novedosa movida de los sonidos étnicos africanos, la tropicalia brasileña, el órgano melódico de Juan Torres, el mambo de Xavier Cugat, los momentos más inclasificables de los alemanes y al final volvemos a ese folk rock descalzo y sentado debajo de un árbol hasta la coronilla de LSD.

La música de Shintaro Sakamoto puede ser un truco bastante obvio, pero a veces esos trucos suelen ser los mejores: las influencias son claras, pero no quedan dispersas. El disco tiene un mood conciso, (en este caso “fantasmal”). El verdadero reto para este músico es abrirse paso en América pese a la limitación del lenguaje (todos los tracks están en japonés). Hagánse un favor y escúchenlo, si empezaron escuchando canciones en inglés sin saber lo que decían, bien pueden volver a comenzar por aquí. Los dejamos con el video de “You Just Decided” animado por el propio artista. Por cierto el disco está disponible en varias tiendas de por acá.

En ésta, su querida columna, lamentamos habernos unido tan tarde a la ola que conllevó el disco-colaboración entre David Byrne y St. Vincent, Love this Giant. A pesar de que lo escuchamos en su momento, hasta ahora lo comenzamos a desmenuzar ante ustedes, ya que consideramos que es una obra redonda y sin desperdicio alguno.

Para empezar, en apariencia, sería difícil emparentar a dos figuras como David Byrne y Annie Clark. Pero acercándonos un poco a sus propuestas musicales, nos damos cuenta que los puntos se empiezan a unir solos. No es gratuito si pensamos en el tufo artsy, propio del downtown neoyorkino que desprenden ambos, Byrne en su papel de gurú irreverente y Annie como heredera de Laurie Anderson.

Ambos son artistas eclécticos en su manera de producir música: Byrne por su cualidad de trotamundos sonoro que le ha hecho viajar del post-punk a la música afrocaribeña fusionando ritmos pero no devorándolos. Mientras que St. Vincent es una joven artista que no niega sus influencias, si no que incluso las exhibe para hacerlas trabajar y lograr su propio statu quo como músico.

Escucharlos trabajar juntos es definitivamente un agasajo. Anteriormente tuvimos la oportunidad con el disco Here Lies Love (Proyecto de Fatboy Slim con Byrne) de darnos una idea, ahora es una producción completa con 12 tracks. En este Love this Giant el protagonismo que irradian los dos no es obstáculo para apreciarlos en temas increíblemente ejecutados; que, por si fuera poco, fueron producidos a distancia, trabajados y retrabajados. Ambos artistas se mostraron contentos por poder escuchar al gigante con toda su altura en la pequeña gira que realizaron juntos.

Los sonidos de metales y otras orquestaciones, tan característicos de las últimas producciones de Byrne, están presentes, pero al encontrarse en escena con los discretos pero acrobáticos riffs de guitarra y las programaciones de Clark, sabemos que el disco no fue realizado con la premura de convertirse en un hit de los charts indie (aunque lo será).

Cuando cantan juntos más de un fan se sentirá agradecido, como en “Dinner for Two” o “I am an Ape”. Disfrutando sus voces por separado se notan también avances. Byrne suena más suelto y energético que de costumbre, desde la abridora “Who” y sobre todo en “I should Watch TV”, track de donde proviene el nombre del disco (se incluyen varias frases del poema “Song of Myself” de Walt Whitman); una oda a ser parte de lo que se ve a través de la televisión, el medio, otra vez es el mensaje.

Annie también destaca en “Weekend in the Dust”, que es frenética, y en “Lightning”, que bien pudo provenir de alguno de sus propios discos. Ambos dicen que hacer este disco fue bastante “democrático”, lento pero con un resultado que los ha dejado a ambos con gran satisfacción. Sin duda es un disco con momentos funky, con letras interesantes, influencias multiculturales y un mood que, a pesar de transitar por momentos tensos o melancólicos, nos invita a amar al gigante, es decir, darle sus besos al mundo.

Hay algo bastante atrayente y particular en la escena independiente española: pueden llegar a pasar por evidentes momentos de crisis en su país (como hoy en día), pero no dejan de producir arte de calidad. Su reputación está a la altura de la música que realizan, y nos regalan cosas imponentes en diferentes latitudes sonoras.

Los nombres son muchos, algunos más grandes que otros (en alcance masivo) y lamentablemente pocos han pisado nuestras tierras (sobre todo en ese festival que cada vez tiene menos de vivo y ya casi nada de latino). No nos queda más que entrar por los recovecos sonoros que se abren en la web para poder escuchar a estas bandas, hechas de méritos y no de hype.

Justamente eso me sucedió con una canción que hallé y decidí escuchar por su título: “1 de cada 2 noches en tv se oye decir te amo”. No quedé defraudado luego de esos tres intensos minutos de surfear la melancolía. El nombre de la banda: Cómo Vivir En El Campo (CVEEC)

La sugerente frase que identifica este proyecto personal de Pedro Arranz parece ser una instrucción, o quizá una guía para adentrarse a salir y descubrir una sorpresa, aún si es mínima, en lo cotidiano. Es el poderío de la carretera, de cierto desenfreno y de oír una guitarra, tal y como en el video de “Amor y pedagogía” (quizá sea una referencia a Miguel de Unamuno), canción incluida en su disco CVEEC (Discos Calabaza, 2012).

Admito que desconocía de Pedro Arranz y su carrera que, por lo que he investigado, lo coloca como una de las figuras de interés del underground madrileño. El trabajo que ha invertido en este proyecto le ha llevado a la realización de 3 discos autoeditados (que no he tenido la oportunidad de saborear) y este nuevo material, de la mano de un sello incipiente pero muy bien organizado (no olviden checar a sus hermanos de sello, Sector de Agitadas).

¿Que tenemos por aquí? Para empezar se puede detectar la influencia de esas bandas venidas de lejos y que tienen más respeto que fama a la hora de hacer canciones (hablo de gente como Yo La Tengo, Red House Painters o Pavement). Obviamente, en manos de la guitarra ligeramente surfera de Arranz, estos ritmos toman un camino propio y nos cuentan una historia nueva bajo unas letras que son como una buena narración: no entenderás todo la primera vez, pero quedarás tan fascinado que necesitarás escucharla una y otra vez más.

Es una colección de momentos agridulces y ambiguos. “Por todas partes” y la mencionada “Amor y pedagogía” pueden exudar chabacanería pero también cierto sentimiento gris, que se recrudece en “Ella dice que somos como árboles”.

Hay también un tono burlón en la acompasada baladita “No tenían aspirinas así que traje cigarrillos” y en la guitarra acústica de “Moderna”, retrato de las chicas de hoy y sus estrafalarias costumbres. Increíble esa resonancia de los últimos años de la década de 1980 en “Escándalo en la playa” y que encuentra su cola en “Escándalo en la montaña” de batería kraut y acordes limpios y azules.

En resumen: aún el rock en apariencia simple esconde secretos que son revelados cuando se invierte paciencia y se presta suficiente oído. Todo un ejemplo en calidad, en sonoridad e incluso en distribución: Esta disponible en Bandcamp en el modo name your price, en donde pueden escucharlo completo o a través de Discos Calabaza, donde pueden adquirir un precioso vinil a un precio razonable (yo ya estoy juntando mis domingos para uno). Si me consigo algo de lo anteriormente hecho por CVEEC, se los haré saber. Por lo mientras, adéntrense a salir.

Cuesta trabajo reconocer que este texto será insuficiente para hablar de las cualidades de Godspeed You! Black Emperor (GY!BE), ese colectivo canadiense comandado por Efrim Menuck, que se suele relacionar con el llamado post-rock, lo que los emparenta, desde la aparición de su primer LP f#a#∞, en 1997, con bandas como Hood o Mogwai.

Para quienes no los conozcan, éste es un proyecto que involucra a nueve músicos (que, sin ser su formación más numerosa, sí es la más sólida) de tendencias anarquistas, anticorporativistas y con un manifiesto desagrado por todo lo que implica la industria musical. Todas estas posturas, junto con los visuales inquietantes de sus conciertos, la palpabilidad de su posición política en los sampleos que usan y en el arte de sus discos, y su denuncia del oscurantismo de los tiempos en que vivimos, son elementos que les brindan cierto culto.

Por estas razones, cuando en 2002 inició su inactividad, podrían haberse dedicado solamente a atender otros proyectos (A Silver Mt. Zion, Set Fire to Flames, Fly Pan Am, HRSTA) y quedarse tranquilos: ya tenían su legado asegurado como uno de los proyectos musicales más misteriosos y respetados del circuito. Sin embargo, el festival All Tomorrow’s Parties del 2010 los anunció como parte de su cartel y de ahí vendría la esperada declaración: nuevo material. Fue hasta octubre de este año que discretamente se coló la noticia de su lanzamiento. Su nombre: ‘Allelujah! Don’t Bend! Ascend!. Y así se dispersó una neblina de diez años.

Como es costumbre en la obra de esta agrupación, las piezas centrales son largas y se intercalan con otros tracks más cortos pero no carentes de intensión y lugar.

A pesar de que las dos piezas más extensas de este disco provienen —presuntamente— del repertorio en vivo de la banda, ésta es una obra nueva y fresca, acorde con su momento y contexto: cuando pausaron su andar, el fragor post 9/11 alcanzaba sus cuotas más altas, ahora vuelven cuando la inestabilidad y el belicismo aún se pueden oler en Estados Unidos.

Nada nos puede preparar para la masa sonora que dejan escapar, aún cuando se muestra poco a poco en el inicio de la grabación, con “Mladic” (saludo al criminal de guerra Ratko Mladić); en ella el paraje es desierto y las guitarras poco a poco chillan como aves de corral por la mañana. Uno no espera la llegada de las paredes colosales de sonido, de ruido con influencias del punk o del metal pero desprovisto de toda referencia, excepto por el caos propio que generan en el momento. Para cuando la enorme nube gris ha dejado de cubrir el sol, el paraje es igual de seco que al principio, pero lo abandonamos con ritmos y cantos propios del oriente cercano.

“Their Helicopters’ Sing”, con sus casi siete minutos, es como un campo de fuerza que se concentra en un punto determinado. Son atonalidades de cuerdas que giran de forma concéntrica, revelando una tensión palpable. No es música ambiental, porque te toma directamente, no te permite desviar la atención.

“We Drift Like Worried Fire” es el otro track largo. No es un contrapunto radical, pero sí significativo: su inicio es lento, de repente aparece una guitarra que con un simple acorde que se repite y sirve de base para un tema épico que podría confundirse con alguna otra banda afín. Conforme sube de intensidad queda claro que se trata de ellos: si el sonido de la banda es post-rock, si tal término ambiguo fuera válido, GY!BE  pertenecería a otra era. A pesar de utilizar las baterías y las guitarras, el espacio sonoro que abren es otro y es rico por una simple razón: se le pueden asignar adjetivos que busquen definirlo, pero siempre sobrará espacio por explotar, por llenar. De esta pieza puedo decir, por ejemplo, que al principio es melancólica, triste, y que a la mitad se vuelve aterradora, para, al final, alzarte muy alto sin que puedas poner resistencia.

Ahí donde el posmodernismo hace declaraciones, GY!BE pone solamente sus acordes, que bastan para crear el retrato de nuestros tiempos, barnizados por la decadencia y el cansancio. Podemos asignar las muletillas que creamos más convenientes, aun así será difícil hablar de tantas sensaciones encontradas, y es así: aunque el mundo se esté desmoronando, todavía falta un trecho por recorrer. No entiendo por qué no han llegado a México, pero este disco puede ser la excusa adecuada.

Recientemente leí un artículo en cierto blog, que calificaba al DJ en turno, Skrillex, como “terrorista sonoro”. No pude más que contener una carcajada esbozando una sonrisa. ¿Tan malbaratada está incluso la provocación en el ámbito musical? Entiendo que todo tiene su justa medida, pero es curioso que en este fenómeno exista un equivalente de aquel movimiento conocido como new metal: maquillaje, pose, clichés sonoros fáciles de digerir, eso nos vendieron en algún momento varios músicos con la bandera de la “agresividad”. Skrillex busca eso también, la impresión fácil a partir de una estética y de una colección de tics sonoros que son pomposos pero huecos, listos para hacer rebotar las bocinas, aunque demasiado complacientementes como para considerarlo un “terrorista sonoro”.

Podría seguir atacando al joven con la cabeza a medio rapar, pero el punto al que quería llegar es que entre los artistas que insertan la incomodidad y la disidencia en la escena electrónica, se encuentra el venezolano Miguel de Pedro, conocido como Kid606, quien se dedica a remar a contracorriente y malencara a todos desde que, en 1998 a los 16 años, lanzó Don’t Sweat the Technics (Vinyl Communications), donde señalaba a todas las escenas en boga, las parodiaba y nos invitaba a hacer lo mismo con nuestros dedos.

Sin duda es un geniecillo, pero si la escena en que se desarrolló era una fiesta, De Pedro decidió ser el que siempre se vomitaba en los sillones. Odiado y amado, siempre da de que hablar: celebra la era post-rave, la locura del lenguaje binario, el breakbeat, el drum and bass, el gabber, severas dosis de ruido y casi todo lo que le pase por delante con la soltura del cínico que sube todos los niveles al tope. Incluso teniendo entre su discografía otras excelentes piezas de aires más relajados, minimalistas y ambientales, no escatima en recursos mordaces para bajarle la intelectualidad a la vanguardia. (Discos con títulos como Pretty Girls Make Raves o Songs about Fucking Steve Albini  y canciones burlonas como “It’ll Take Millions in Plastic Surgery to Make me Black” o “Luke Vibert Can Kiss my Indie-Punk Whiteboy Ass”.)

Y como dijimos, el señor también tiene sus ratos (aparentemente) serios. Sin que tenga —completamente— una doble personalidad, esta faceta nos permite ver otros de los intereses musicales, teniendo al ambient y al glitch como plataformas sonoras. Dentro de esta zona, discos como Ps I Love You y Resilience son joyas de orfebrería sonora compleja pero finalmente bella.

Su nueva producción Lost in the Game es el producto de lo que sus palabras fue “un año muy malo”. He ahí el ambient, por momentos tranquilo pero por otros generando neblina y tensión. Hay un mood oscuro y lento que va penetrando a lo largo de cada pieza.

La superposición de melodías simples y de capas de ruido remiten al trabajo que ha labrado con el tiempo. Hay acidez en cada uno de los sintetizadores análogos que emplea y en el telón de ecos y reverberaciones que receta a discreción.

Mamando de otros ritmos para insertarlos en su delirio, en esta ocasión los tracks tienen mucho de las maneras del hip-hop en cuanto a ritmos, programación y disposición de los sintetizadores. Esto funciona adecuadamente para el tono sugerente de la producción en general. “Big Black Ketamine Jesus” es un ejemplo de ello: la superposición del ritmo hip-hop con las teclas discretas para ajustarnos los tornillos. “Left Hand Pathfinder” es como si Cypress Hill se dejase escuchar a lo lejos en medio de la nieve. Entre las razones para escuchar este disco una y otra vez están “I Want to Join a Cult” y “I Need to Start a Cult”, piezas hermanas que demuestran la evolución del estilo y la ansiedad por capturar al escucha y dejarlo atrapado en medio de melancolía y opresión.

No creo que se necesiten más argumentos a favor de este artista. Visiten la página de su sello Tigerbeat6 y conozcan a otros esperpentos sonoros.

Los canadienses son productores de un sonido que deambula entre el pop, el folk y el rock, y que técnicamente cuenta ya con una denominación de origen. Más allá de Arcade Fire  y de las vacas sagradas de Arts and Crafts Records (Feist y Broken Social Scene), hay una lista de nombres que no pueden pasar desapercibidos para los entendidos, y que quizá no cuenten con las medallas que la crítica les podría colgar, pero son bandas cuyas canciones pudieron haber estado en un cassette grabado en mis días de secundaria. Entre estas puedo mencionar a Born Ruffians, Braids, Destroyer, Wolf Parade y Stars, estos últimos lanzaron recientemente The North (Soft Revolution Records).

Sí, sé que eso de las cintas no es bastante glamuroso, que forma parte de esa educación sentimental que vamos desarrollando en fiestas, en reuniones, escuchando discos, regalándolos o perdiéndolos, haciendo el viejo y tonto ritual del cortejo. Luego queremos negarlo todo, tirarlo por la borda, pensar que nunca fuimos así, decir que somos sensibles, pero no cursis. La música es el imperio de la melancolía y de la sensiblería (uno podría escuchar cosas tremendamente abstractas como Autechre y teñirlas de cierta carga sentimental) pero hoy en día estamos tristes por dentro y aburridos por fuera, mientras bajamos por el scroll infinito de las actualizaciones sociales.

Stars es lo mismo calidez que tristeza. Es una calle de doble sentido que corre sobre los acordes de un sinte setentero, en “The Theory of Relativity” (Now that you’ve grown so wise / Use that head and stop to think a little / Just cause you’re crazy doesn’t mean that you’re free). ¿Así se comienza un disco? ¿Bailando para recuperar aquello que fuimos? Quizá desinhibiéndonos de la propia pose de “madurez”. ”Hold on when you get love, / And let go when you give it” sigue la línea y quiere mostrar una sentencia paradójica, de esas que encantan para explicar las cosas más indefinibles. Las cuerdas , los coros y el estribillo que se repiten la convierten en un mantra reconfortante, aún ante la posibilidad de que todo termine.

El disco es el diario de un viaje interno, no hacia el pasado, porque lo que ellos dicen con cada alusión al ayer está claro: el pasado nunca se va a reparar, no puedes reunir los pocos fragmentos para tener la imagen completa. “The North”, tema capital del disco, detalla esa travesía muriendo a lo lejos y esperando por lo menos un lugar caliente al final de la nieve (Good luck bad luck survivor / Sleep is my friend and my rival).

¿Qué edad tendrán Torquil Campbell, Amy Millan y el resto de la banda? Supongo que rondan los 40 e incluso tienen hijos, pagan sus impuestos y andan en crocs los domingos. Y yo, les creo con toda firmeza cuando dicen que una canción es un arma, un arma para dispararle lo mismo a un viejo amor que a un dictador, una disidencia musical que adquiere un adepto en cada escucha.

En la era del mp3, poco romanticismo hay en el posteo de una canción en un muro de Facebok. Es una protección masturbatoria contra lo que esa música puede sembrar en tu cabeza. Personalmente quiero creer que las canciones aún pueden provocar cosas en el mundo y en las personas.

Con Stars me queda claro que no hay redención absoluta en aceptar quienes fuimos, no hay una victoria total en ser cursi. Vas a ser lastimado, habrá decepción, pero en el sentimiento, en encarar el dolor existe el movimiento; y el movimiento nos tiene que llevar a algún lado.

Prometo grabarles un cassette con estas canciones.

–En este link puedes escuchar el album completo vía Soundcloud